Hace poco que tome valor y en mis momentos de ocio busque la receta que aquí abajo anexo. Salí decidida al mercado (o súper) segura de los medios a necesitar para lograr mi objetivo. Compre piloncillo y canela, café ya tenía en el depa. No encontré la olla de barro, no es obligatorio, pero lo recomiendan porque agarra muy buen sabor, así que fui a otro súper y lo encontré. Compré pan de muerto, otras de mis debilidades, para acompañarlo, la combinación sonaba muy tentadora. Me entretuve baboseando viendo esto y aquello, como siempre. Llegue al departamento, después de las nueve de la noche. Ya me dio flojera, y para estar como búho, cucu, toda la noche, no gracias mejor otro día. Y pues el día se convirtió ya en semana. Este antojo lo tuve porque recordé aquella vez, en donde la mezcla fue algo más que perfecto.
Lo tomé una madrugada fría con neblina. Iba a recorrer la ruta de matacanes con un grupo de amigos. La mañana estaba fresca, eran finales agosto; ya no tardaba en entrar el otoño, por eso tanto cambio drásticos en el clima como solo aquí en Monterrey se da. En una suburban, subimos un poco más arriba de la cola de caballo. El camino, sinuoso, tierra, piedras y con ello, todo lo que conlleva: baches, charcos, lodo. Yo no aguantaba el sueño. Intenté dormir, pero el movimiento constante de un lado a otro, arriba, hacia abajo me lo impidió. Sin embargo que bueno que no lo hice porque me hubiera perdido de ver una luna enorme y amarilla, así como árboles por todos lados. Aunque no se veía mucho porque todavía estaba oscuro, sabía que era la naturaleza en su máximo esplendor y solo con eso era agradable.
Después de dos horas, llegamos a unas cabañas. De esas que se ven en las fotos: sencilla, de madera. Eran varias. Nos pidieron que pasáramos a una pequeña de un solo cuarto. A simple vista así lo parecía, probablemente atrás de una cortina pudiera ver una cama, pero no investigué. Trastos por todos lados colgados, de manera ordenada. Era un lugar limpio. Estaba en penumbra, alumbrada solo por una vela colocada en medio de una mesa para cuatro personas. Tenía un mantel blanco, bordado, cubierto por un plástico, como lo debe de tener cualquier cabaña. La cafetera de latón o lámina estaba en la estufa. Esta, era pequeña con cuatro hornillas, se encontraba en una esquina. El piso era al natural: simplemente tierra. Los dueños eran los que estaban ahí al pendiente de las cosas; rondarían entre los 45 y 50 años de edad. La señora lavaba trastes; y él señor estaba al pendiente de: las tortillas y el café. Un buen equipo. En la mesa había dos platos grandes llenos con tacos de: huevo, frijoles, chorizo y deshebrada en tortilla de harina. Un desayuno como el que algún día me gustaría hacer, pero por lo pronto no. Había dos tazas cristalinas servidas con el líquido oscuro que nadie pelaba. Le dudé para tomar alguna, porque el café tiene un efecto diurético impresionante en mí, no lo he tomado cuando quiero ir al baño. Pero fueron muchas cosas las que me hicieron dudar: la mañana estaba obscura; había algo de neblina; la cabaña se sentía acogedora; todo mi ser me pedía que lo tomará entre mis manos, para sentir la temperatura ideal y luego transferirla a través de un trago al resto del cuerpo. Esa idea fue la que me venció y lo tomé, inguesu, al cabo que traigo rollo de papel y no me da miedo la naturaleza. Lo tomé. El sabor a: canela, piloncillo, café lo paladeé. El sentir que entraba en calor y el degustar tal combinación de sabores, y el olor, el olor, aspirarlo antes de tomarlo. Lo hicieron ellos tan sencillo, tan delicioso, algo casero. Yo lo ofrecí a todo el que estaba a mí alrededor para que probara tal delicia. No les llamaba la atención, y los que lo probaban decían un simple: “Sí, está rico”. Lo cual no bastaba para mí, se quedaban cortos. Yo quería que me explicaran toda su experiencia al probarlo, para compararla con la mía. Observaba sus caras, intentaba descifrar algo, de lo que pasaba por sus mentes en esos momentos pero nada. Una lástima, no poder compartir ese gusto.
Ese recuerdo desde entonces, mi mente lo guarda y clasifica dentro de la categoría de: comidas y/o bebidas fuera de lo común, está junto con unos chiles en nogada, un arroz con leche, entre otros. Mientras que el viaje entra en otra categoría. No he probado algo similar. He ido a lugares donde venden café, en busca de dicha mezcla, pero nada comparado con esa vez. Tal vez tendría que ir a Chiapas o a Veracruz, donde he escuchado de lugares donde venden unas delicias de café, y suena lógico que mejor que donde los cosechan. Mientras tanto soy una conformista, que lo añora, y en su lugar tomo un café de una marca reconocida instantáneo que lo venden en cualquier súper con tapa anaranjada. Si me decido uno de estos días y diera con ese sabor, sería tan feliz, si no seguiré añorando y buscando esa mezcla perfecta. Todo puede suceder.
http://recetas.mundorecetas.com/receta13329-cafe-de-olla.html&73
Porciones / número de personas:
Tiempo de Preparación: 10 min.
Tiempo de cocción: 5 min.
Dificultad: Fácil
Introducción:
El café de olla es básico en México porque es delicioso y fácil de hacer. NOTA IMPORTANTE: El café de olla tradicional tiene que llevar piloncillo ya que el azúcar no lo sustituye igual.
Además, es ideal y 100% mexicano que se prepare en una olla de barro (de ahí el nombre) pero también queda rico en cualquier otro recipiente. MundoRecetas.com
Ingredientes:
1/2 litro de agua
2 cucharadas copeteadas (grandes o llenas) de café molido fuerte o semi fuerte (básico: que no sea descafeinado!!!)
ramitas de canela
piloncillo (o azúcar) al gusto
MundoRecetas.com
Instrucciones:
Se calienta el agua con la canela y el piloncillo. Se mueve constantemente para que el piloncillo se disuelva y no se pegue al fondo. (Se puede ir probando el agua con el piloncillo para saber qué tan dulce nos va a quedar) Una vez que se ha disuelto el piloncillo y empieza a hervir, se pasa por un colador la mezcla y se vuelve a hervir por 2 minutos más a flama baja.
Se agregan las 2 cucharadas copeteadas (llenas) de café y se hierve por 4 minutos más con la olla tapada.
Se deja reposar para que el café asiente y si es necesario se pasa por el colador una vez más.
Enviada por Blankiss en martes, octubre 16. 2007 en 08:07:26
Desde una ventana puedes observar el mundo pasar, o reflexionar sobre lo que ves, lees y vives.
octubre 22, 2009
octubre 04, 2009
Que nadie duerma
A mí simplemente me encanta. Me acordé de él en el comedor de la empresa. Preparaba mi comida: abrí una suculenta lata de atún y otra de elote con chile morrón, escurrí el agua, agregue un poco de mayonesa. Me senté, espanté a una de las tantas moscas que no sabemos como diablos se fueron a meter en tal proporción; volteé a ver la tele, empezaba un programa de deportes, regresé a mi plato y empiezo a escuchar algo conocido. Escuché, recordé y experimente lo mismo que tiempo atrás: era Nessun Dorma (Que la noche duerma) de Giacomo Puccini pero esta vez en la voz de Luciano Pavarotti, según explicaba el comentarista, en aquella ocasión en el 2007 fue Paul Potts.
Terminando de comer fui a buscar el video de Paul Potts en Youtube. Fue todo un suceso en el 2007 en Britain's Got Talent. No soy fan de la ópera, mi conocimiento es casi nulo, tampoco sé italiano. Pero la manera en que me llega esa canción y percatarme de ello me llama la atención, lo comprobé una vez más en el comedor, pero quise ahora analizarlo concientemente.
El video de la audición de Potts en el concurso lo vi varias veces, cuando me llegó por correo en aquel año, y no porque no tuviera nada que hacer, pero me gustaba observar a Paul Potts, el vendedor de celulares, ante el micrófono: noble, humilde, sencillo, nervioso, pero a la vez determinado.
---Vengo a cantar ópera.
La reacción de los del jurado:
Ella ---- Mmm, OK, que raro.
Él----Mmtta. No me vengas.
Y luego riatas.
Desconozco el proceso y la explicación neurológica de tal reacción que sucede dentro de mí, y estoy segura que existe tal, pero en términos terrenales: se me pone la piel de gallina, lo siento en la parte de la nuca, después en mis piernas y en mis brazos; mi corazón lo siento como crecer, da la impresión que recibe algo y parece hincharse, como si le estuvieran vertiendo agua; después una opresión en mi pecho, acompañado de un cosquilleos leve; las lágrimas llegan a mis ojos, de una cantidad tal, que no se derraman y tampoco me nublan la vista. No identifico el sentimiento que ha despertado en mí: tristeza, empatía, coraje, alegría o todo. Terminando el video busqué la letra del aria, así como su traducción al español. Me di a la tarea de escucharlo de nuevo y tratar de seguirlo, hasta eso no es tan difícil porque el italiano se parece mucho al español. Tuve que recortar la letra principal porque lo que canta en la audición Potts, es solo una parte. Esta es la versión corta:
Nessun dorma
Nessun dorma! Nessun dorma!
Ma il mio mistero è chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
No, no,
Dilegua, o notte! Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle! All'alba vincerò!
Vincerò! Vincerò!
(Que) Nadie duerma
¡Qué nadie duerma! ¡Qué nadie duerma!
Pero mi misterio está encerrado dentro de mí,
¡nadie sabrá mi nombre!
No, no,
¡Dispérsate, oh noche! ¡Estrellas, ponédos!
¡Estrellas, ponédos! ¡Venceré al alba!
¡Venceré! ¡Venceré!
Ahora si ya sabiendo la letra, le doy mi interpretación escuchándola de nuevo y al compás de lo que voy sintiendo sería algo así:
Él príncipe quiere hacer un anuncio a todos. Ella no está a su lado y su corazón ya no lo soporta más. Así que de una vez por todas lo declara a: todo el que le quiera escuchar, al universo, a Dios, que no hay nadie que pueda evitar que ella esté junto a él. Él vencerá, vencerá, como solo el amor sabe hacerlo.
Entonces comprendí que el sentimiento lo percibió mi cuerpo, mi ser, antes que la mente.
Nessun dorma
Il principe ignoto
Nessun dorma! Nessun dorma! Tu pure, o Principessa,
nella tua fredda stanza
guardi le stelle
che tremano d'amore e di speranza...
Ma il mio mistero è chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
No, no, sulla tua bocca lo dirò,
quando la luce splenderà!
Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
che ti fa mia.
(Voci di donne
Il nome suo nessun saprà...)
E noi dovrem, ahimè, morir, morir!
Il principe ignoto
Dilegua, o notte! Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle! All'alba vincerò!
Vincerò! Vincerò!
(Que) Nadie duerma
El príncipe incógnito
¡Qué nadie duerma! ¡Qué nadie duerma! Tampoco tu, oh princesa,
en tu recamara fría
miras las estrellas
que tiemblan de amor y de esperanza...
Pero mi misterio está encerrado dentro de mi,
¡nadie sabrá mi nombre!
No, no, lo diré sobre tu boca
al resplandecer la luz
y mis besos derretirán el silencio
que te hace mía.
Voces de mujeres,
nadie sabrá su nombre
y deberemos, ay de mi, ¡morir, morir!
El príncipe incógnito
¡dispersate, oh noche! ¡Estrellas, ponédos!
¡Estrellas, ponédos! ¡Venceré al alba!
¡Venceré! ¡Venceré!
Por si gustan verla está es la versión completa por Pavarotti:
Terminando de comer fui a buscar el video de Paul Potts en Youtube. Fue todo un suceso en el 2007 en Britain's Got Talent. No soy fan de la ópera, mi conocimiento es casi nulo, tampoco sé italiano. Pero la manera en que me llega esa canción y percatarme de ello me llama la atención, lo comprobé una vez más en el comedor, pero quise ahora analizarlo concientemente.
El video de la audición de Potts en el concurso lo vi varias veces, cuando me llegó por correo en aquel año, y no porque no tuviera nada que hacer, pero me gustaba observar a Paul Potts, el vendedor de celulares, ante el micrófono: noble, humilde, sencillo, nervioso, pero a la vez determinado.
---Vengo a cantar ópera.
La reacción de los del jurado:
Ella ---- Mmm, OK, que raro.
Él----Mmtta. No me vengas.
Y luego riatas.
Desconozco el proceso y la explicación neurológica de tal reacción que sucede dentro de mí, y estoy segura que existe tal, pero en términos terrenales: se me pone la piel de gallina, lo siento en la parte de la nuca, después en mis piernas y en mis brazos; mi corazón lo siento como crecer, da la impresión que recibe algo y parece hincharse, como si le estuvieran vertiendo agua; después una opresión en mi pecho, acompañado de un cosquilleos leve; las lágrimas llegan a mis ojos, de una cantidad tal, que no se derraman y tampoco me nublan la vista. No identifico el sentimiento que ha despertado en mí: tristeza, empatía, coraje, alegría o todo. Terminando el video busqué la letra del aria, así como su traducción al español. Me di a la tarea de escucharlo de nuevo y tratar de seguirlo, hasta eso no es tan difícil porque el italiano se parece mucho al español. Tuve que recortar la letra principal porque lo que canta en la audición Potts, es solo una parte. Esta es la versión corta:
Nessun dorma
Nessun dorma! Nessun dorma!
Ma il mio mistero è chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
No, no,
Dilegua, o notte! Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle! All'alba vincerò!
Vincerò! Vincerò!
(Que) Nadie duerma
¡Qué nadie duerma! ¡Qué nadie duerma!
Pero mi misterio está encerrado dentro de mí,
¡nadie sabrá mi nombre!
No, no,
¡Dispérsate, oh noche! ¡Estrellas, ponédos!
¡Estrellas, ponédos! ¡Venceré al alba!
¡Venceré! ¡Venceré!
Ahora si ya sabiendo la letra, le doy mi interpretación escuchándola de nuevo y al compás de lo que voy sintiendo sería algo así:
Él príncipe quiere hacer un anuncio a todos. Ella no está a su lado y su corazón ya no lo soporta más. Así que de una vez por todas lo declara a: todo el que le quiera escuchar, al universo, a Dios, que no hay nadie que pueda evitar que ella esté junto a él. Él vencerá, vencerá, como solo el amor sabe hacerlo.
Entonces comprendí que el sentimiento lo percibió mi cuerpo, mi ser, antes que la mente.
Nessun dorma
Il principe ignoto
Nessun dorma! Nessun dorma! Tu pure, o Principessa,
nella tua fredda stanza
guardi le stelle
che tremano d'amore e di speranza...
Ma il mio mistero è chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
No, no, sulla tua bocca lo dirò,
quando la luce splenderà!
Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
che ti fa mia.
(Voci di donne
Il nome suo nessun saprà...)
E noi dovrem, ahimè, morir, morir!
Il principe ignoto
Dilegua, o notte! Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle! All'alba vincerò!
Vincerò! Vincerò!
(Que) Nadie duerma
El príncipe incógnito
¡Qué nadie duerma! ¡Qué nadie duerma! Tampoco tu, oh princesa,
en tu recamara fría
miras las estrellas
que tiemblan de amor y de esperanza...
Pero mi misterio está encerrado dentro de mi,
¡nadie sabrá mi nombre!
No, no, lo diré sobre tu boca
al resplandecer la luz
y mis besos derretirán el silencio
que te hace mía.
Voces de mujeres,
nadie sabrá su nombre
y deberemos, ay de mi, ¡morir, morir!
El príncipe incógnito
¡dispersate, oh noche! ¡Estrellas, ponédos!
¡Estrellas, ponédos! ¡Venceré al alba!
¡Venceré! ¡Venceré!
Por si gustan verla está es la versión completa por Pavarotti:
septiembre 28, 2009
¿Todo bien?
No, no todo está bien. Me preocupa que pase el tiempo, el amor siga creciendo e ignoremos quienes somos. No se trata de quien está bien o quien mal. Traemos diferentes caminos y no quiero que renuncies a ser tú para convertirte en alguien que tarde que temprano desconocerías. Me hiciste tan feliz y tanto bien; pero me lo debo a mí y te lo debo a ti.
De las 8:15 suceden las 8:16 horas. El cielo nublado según pronóstico. Cae agua tanto afuera como adentro. Los carros van y vienen, algunos con prisa otros no tanta. El semáforo cambia a verde. Debo avanzar. ¿Todo bien? No lo sé, pero sé que lo estará.
De las 8:15 suceden las 8:16 horas. El cielo nublado según pronóstico. Cae agua tanto afuera como adentro. Los carros van y vienen, algunos con prisa otros no tanta. El semáforo cambia a verde. Debo avanzar. ¿Todo bien? No lo sé, pero sé que lo estará.
septiembre 22, 2009
Posibles razones
El gusto por el silencio, quizá comenzó, cuando perdí el 70% de la audición de ambos oídos, debido a una infección por la alberca. Tuve que esforzarme un poco más de lo normal para comprender lo que sucedía alrededor, porque el: ¿Eh? ¿Mande? ¿Qué dijiste? eran molestos, por lo que antes de desarrollar mi habilidad de leer los labios, decidí inventar historias, donde la realidad era más divertida. Y quizás la simple pregunta de mi mamá de --- ¿Vas a cenar algo? se convertía en ¿Quieres de cenar tu postre favorito? y mi respuesta al ser --Si. No afectaba a nadie, y todos tan contentos como siempre. Era mi mundo y ahí estaba bien.
Tal vez el gusto por la soledad inició, cuando siendo una chamaca le suplicaba a mi mamá que me dejara quedarme en casa sola, cuando era inconcebible hacerlo porque: "fuera a pasar algo malo". Pero era una necesidad tan grande. En cuanto cerraba la puerta y escuchaba el carro partir, brincaba como loca. Tenía toda la casa para mí solita. Silencio, solo yo conmigo misma. Corría al cuarto de mis papás, me quitaba los zapatos y brincaba en el colchón king size, una y otra vez. Me gustaba ver mi reflejo, en el espejo del tocador que tenía justo enfrente, era la felicidad, por eso la reconozco tan bien. Terminaba, porque todo es finito, e iba por una revista, o intentaba interesarme en los libros, porque sabía que era bueno leer, mis papás me lo decían; pero confieso que leía, y muchas veces no comprendía, me aburría, porque lo único a la mano eran las enciclopedias. Ya los cuentos de Disney ya me los sabía.
Sinceramente no lo sé, pero la soledad es una fiel amiga que me gusta tener cerca y el silencio me permite escucharme más fuerte.
Tal vez el gusto por la soledad inició, cuando siendo una chamaca le suplicaba a mi mamá que me dejara quedarme en casa sola, cuando era inconcebible hacerlo porque: "fuera a pasar algo malo". Pero era una necesidad tan grande. En cuanto cerraba la puerta y escuchaba el carro partir, brincaba como loca. Tenía toda la casa para mí solita. Silencio, solo yo conmigo misma. Corría al cuarto de mis papás, me quitaba los zapatos y brincaba en el colchón king size, una y otra vez. Me gustaba ver mi reflejo, en el espejo del tocador que tenía justo enfrente, era la felicidad, por eso la reconozco tan bien. Terminaba, porque todo es finito, e iba por una revista, o intentaba interesarme en los libros, porque sabía que era bueno leer, mis papás me lo decían; pero confieso que leía, y muchas veces no comprendía, me aburría, porque lo único a la mano eran las enciclopedias. Ya los cuentos de Disney ya me los sabía.
Sinceramente no lo sé, pero la soledad es una fiel amiga que me gusta tener cerca y el silencio me permite escucharme más fuerte.
septiembre 12, 2009
Reconciliación

No cabe duda que los días de lluvia pueden tener dos caras. En Mexicali rara vez llovía, a comparación de Monterrey, así que no estaba familiarizada con los ríos que se forman en diferentes puntos de la ciudad con una corriente y nivel que ya les gustaría a algunos. ¿Paraguas? Lo conocía por las películas, y porque en la primaria me hizo dudar varias veces si llevaba o no diéresis.
La lluvia me pone nerviosa. Sobre todo por la manejada. Las calles son un caos. Tal pareciera que la gente se levanta y dice: “hoy es un buen día para chocar”. Las avenidas rápidas se atiborran de carros, uno tras otro, casi besándose, a un ritmo que parece agonía. No hay salida alguna. Recorres todas las estaciones de la radio una y otra vez, si es que no te lo robaron. Evocas tu situación actual, te haces preguntas existenciales, los recuerdas a ellos. Tu mente enlista pendientes: pasta de dientes, manzanas, cereal, llamar a mi familia, a mis amigos, conocer Paris, ir a la Playa. ¿Te cuestionas qué hacer con tu cabeza? ¿Si la recargas en tu brazo colocado en la puerta, o en el respaldo del asiento? Piensas, en que padre sería si: existieran los carros voladores o las vías rápidas de hasta tres niveles en México. Que diferente sería tu vida si vivieras en un lugar más tranquilo, donde las distancias largas fueran de 20 minutos, el caminar fuera seguro y la bicicleta fuera un medio de transporte con la infraestructura vial necesaria. Vuelves a tu realidad, para darte cuenta que avanzaste ¡Míseros diez metros! Pasa el tiempo como siempre lo hace. ¡Por fin fluye! Respiras. Ahora lidiar con la gente que avienta el armatoste sin miramientos. Las lagunas y charcos, aparecen por todos lados, en medio de calles o a las orillas. Tal pareciera que el objetivo de la mayoría es pasarlos a tal velocidad, que te asegures que un transeúnte entienda que fue el peor día de su vida, pero sobre todo ¿y porque no? mojar al maldito mercedes, al lobo, o al jeep.
¡Lo que quiero es llegar a donde sea! ¡La odio!
Me reconcilio con ella cuando: volteo hacia arriba y dejo que me toque; o cuando la escucho por largo tiempo y comprendo que es su naturaleza, los que estamos mal somos nosotros; pero sobre todo me reconcilio con ella, cuando me invita a estar en la casa con un chocolate en una enorme taza, acurrucada en el sillón que solo quepo yo ,y él si está; elijo cubrirme la piel miedosa con la frazada de colores desentonados que compré justo para esos momentos, y veo la película o leo el libro que me recuerda que el amor es algo bello y existe.
La lluvia me pone nerviosa. Sobre todo por la manejada. Las calles son un caos. Tal pareciera que la gente se levanta y dice: “hoy es un buen día para chocar”. Las avenidas rápidas se atiborran de carros, uno tras otro, casi besándose, a un ritmo que parece agonía. No hay salida alguna. Recorres todas las estaciones de la radio una y otra vez, si es que no te lo robaron. Evocas tu situación actual, te haces preguntas existenciales, los recuerdas a ellos. Tu mente enlista pendientes: pasta de dientes, manzanas, cereal, llamar a mi familia, a mis amigos, conocer Paris, ir a la Playa. ¿Te cuestionas qué hacer con tu cabeza? ¿Si la recargas en tu brazo colocado en la puerta, o en el respaldo del asiento? Piensas, en que padre sería si: existieran los carros voladores o las vías rápidas de hasta tres niveles en México. Que diferente sería tu vida si vivieras en un lugar más tranquilo, donde las distancias largas fueran de 20 minutos, el caminar fuera seguro y la bicicleta fuera un medio de transporte con la infraestructura vial necesaria. Vuelves a tu realidad, para darte cuenta que avanzaste ¡Míseros diez metros! Pasa el tiempo como siempre lo hace. ¡Por fin fluye! Respiras. Ahora lidiar con la gente que avienta el armatoste sin miramientos. Las lagunas y charcos, aparecen por todos lados, en medio de calles o a las orillas. Tal pareciera que el objetivo de la mayoría es pasarlos a tal velocidad, que te asegures que un transeúnte entienda que fue el peor día de su vida, pero sobre todo ¿y porque no? mojar al maldito mercedes, al lobo, o al jeep.
¡Lo que quiero es llegar a donde sea! ¡La odio!
Me reconcilio con ella cuando: volteo hacia arriba y dejo que me toque; o cuando la escucho por largo tiempo y comprendo que es su naturaleza, los que estamos mal somos nosotros; pero sobre todo me reconcilio con ella, cuando me invita a estar en la casa con un chocolate en una enorme taza, acurrucada en el sillón que solo quepo yo ,y él si está; elijo cubrirme la piel miedosa con la frazada de colores desentonados que compré justo para esos momentos, y veo la película o leo el libro que me recuerda que el amor es algo bello y existe.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)